El Podenco andaluz de talla grande. Rehalas. 

22/julio/2010.-    “El podenco ha evolucionado tan poco desde que empezó a acompañar al hombre en sus labores de caza, porque sencillamente no lo necesita, es un prodigio de adaptación a nuestro clima, flora y fauna” (Manuel Jarén Nebot 1864)

“El rey de los perros de la montería es siempre y será, el podenco. Valiente en la lucha, incansable para la fatiga, duro, obediente y ágil como una ardilla, noble y leal para su amo; reúne todas las buenas condiciones de un magnífico perro de caza mayor” (Antonio Covarsí)

“Al podenco, no hay busca que le aventaje y digo busca por no ser posible aspirar a que sea un perro de fuerza y de agarre por añadidura" (Duque de Arión. 1870-1957).

            Nadie puede negar a estas alturas que el podenco andaluz de talla grande es la quintaesencia del perro de rehala, entendiendo esta como el grupo de perros idóneo para una modalidad de caza mayor tan nuestra como es la Montería Española. Bien completamente puro, o atravesado de mastín o de dogo, según el porcentaje de dicha y de busca o de fuerza y agarre que pretendamos conseguir, no hay rehala de valía reconocida en el centro y sur de la península, territorio por antonomasia de la montería, en la que no predomine la sangre de podenco.

           

            Es complejo precisar, más de cinco o seis siglos atrás la manera en que se han usado los podencos en la caza mayor, porque, a pesar de haber numerosos vestigios histórico-artísticos, tanto prehistóricos como desde varios siglos antes de cristo (mosaicos, esculturas, pinturas rupestres…), donde pueden verse perros de tipología prácticamente igual al actual podenco, acosando a animales de caza mayor, no existen, hasta la alta edad media, documentos escritos en que se especifiquen estrategias concretas de caza mayor auxiliada de perros en general y por ende con podencos.

            En los primeros documentos escritos, como el Tratado de Montería (S.XV), se describe con detalle que por entonces se monteaba casi siempre a res cierta, emplazándola previamente un montero auxiliado de sabueso de traílla, para, posteriormente, tras situar la vocería y las armadas, donde también se intercalaban perros de renuevo de tipo ventor o lebrel, sujetos por mozos hasta que se mandaba su suelta, la res era levantada y corrida sucesivamente por estos perros de renuevo, hasta que se le daba muerte agarrada por alanos o asaeteada a su paso por las armadas.

            Sin embargo en esa misma obra, según apunta Juan de Dios Olías, ya podemos encontrar un párrafo que tal vez suponga el germen de inicio de la rehala actual: ‘Y tornando a la liviandad, ahora hay monteros que, por tener canes ligeros, con cuatro o cinco y un par de alanos, matan tantos puercos como mataban con todo el caudal que he dicho”. A partir de entonces hasta nuestros días, la evolución de la Montería, como se practica en todo el centro y sur peninsular, ha ido de forma paralela al desarrollo de las armas de fuego ligeras, adaptando la composición de la rehala para que pueda celebrarse la batida de forma exitosa y con el máximo aprovechamiento, en una sola jornada, tal como hoy ocurre, dando tiempo a armar la mancha, cazarla y recoger perros y reses.

           

            Debemos resaltar un hecho indiscutible que es que en Andalucía, predomina el podenco puro en las rehalas,  mientras que conforme subimos hacia el centro, los cruces de mastín son más frecuentes. Esto puede ser debido a las condiciones climatológicas de terreno seco y cálido en que cazan muchas rehalas hasta mediados de temporada y la abundancia de cervuno en Sierra Morena, que exigen un perro más ligero y descargado.

 

            El podenco andaluz de talla grande, según el estándar morfológico de la raza debe ser una copia, a escala mayor, del de talla media o chica. Sin embargo, las labores a las que se destinan las distintas tallas, están marcando diferencias morfológicas y funcionales que hacen que el grande parezca hoy una raza distinta, donde se buscan ejemplares resistentes y fuertes, más que los rápidos y ágiles que se usan para cazar conejos. Hoy día el podenco de talla grande, tiende a ser cada vez más grande y pesado,  buscando la suficiencia por el mismo para agarrar un jabalí adulto. Es algo más ensillado y  longuilíneo que el de talla media y chica. Predomina la capa blanca y el pelo duro, estando ya casi extintos los podencos andaluces grandes canela de pelo corto (salvo algunos reductos muy contados como los que tiene Antonio Pérez, de Jaén y que dedica mayormente a la caza menor) y casi también los canela de pelo duro.

           

En cuanto al estilo, en la talla grande predomina el perro de venteo, que caza nariz en alto o a media altura, de muy amplio recorrido de búsqueda, sin latir el rastro previo al levante, aunque sí el de huida y a parado. Juan de Dios Olías, en su libro ‘Los perros: Mis pareceres’ distingue, por su modo de afrontar la caza, tres grupos, a los que llama ‘Artistas’, ‘Rambos’ y ‘Peones’, siendo los primeros los que desde la suelta hacen una descubierta general rapidísima y alargándose bastante. ‘de tal manera que cuando vuelven pronto a la mano del perrero, puede asegurar sin temor a equivocarse que allí no hay un rabo’,  en cita literal de este magnífico tratado del podenco de rehala. Los segundos son aquellos que, sin ser perros inconscientes del peligro, son los que primero entran a los agarres, provocando la entrada del resto de la rehala. Y los terceros,  los ‘peones’ son perros de mucho trabajo, bien conjuntados – lo que se consigue criando y no comprándolos-  y que barren la mano a conciencia.

            Aunque muchos autores atribuyen el calificativo de ‘campanero’ al podenco de talla grande de capa blanca, en referencia a que proceden del pueblo sevillano de La Campana, lo cierto es que este tipo de podenco, quizás llamado con más acierto ‘cordobés’ es mayoritario en las más de doscientas rehalas censadas en Córdoba y también en las de las sierras de Jaén y Sevilla, siendo su existencia anecdótica en el pueblo de La Campana. Consultados algunos dueños de rehala como el propio Olías, coinciden en decir que este tipo de podenco grande de capa blanca procede de ‘quitaores’ de zonas galgueras andaluzas como las campiñas cordobesa y sevillana.

            Cecilio Barba, veterinario estudioso del podenco andaluz, da como composición media de las rehalas andaluzas, treinta y siete machos por siete hembras. El número de cachorros que se recría cada año en cada perrera se aproxima a la docena de ejemplares, distribuidos en una proporción de 9 machos y dos hembras.

            Son poco frecuentes los cruces exógenos, lo que proporciona uniformidad y estilo dentro de cada rehala, a lo largo del tiempo, procurando el rehalero cuando necesita refrescar sangre, hacerse con algún ejemplar externo lo más parecido posible a los suyos. Esta endogamia, cuando es excesiva, da lugar a ciertos caracteres negativos, como la despigmentación de trufa.

Manuel Pedrosa (www.elpodenquero.com)

Fotos: Rehala Aceituno.

Bibliografía:

‘El perro de los Dioses’ (Juan de Dios Olías)

‘Los perros: Mis pareceres’ (Juan de Dios Olías)

‘El Podenco Andaluz y el perro Maneto’ (Cecilio Barba)